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lunes, 30 de enero de 2012

Infierno cubano y silencio vaticano. (*)



El 19 de enero pp., a dos meses del viaje de S.S. Benedicto XVI a la isla-cárcel de Cuba, y 24 horas antes de la llegada de una delegación vaticana de alto nivel para ultimar detalles de la visita papal, a la manera de una macabra carcajada el régimen dejaba morir al joven preso político cubano Wilman Villar Mendoza, padre de las niñas Geormaris y Wilmari, de 7 y 5 años. Una muerte cruel que su esposa, Maritza Pelegrino, no dudó en calificar como un "asesinato".

Wilman había sido condenado a prisión el 24 de noviembre de 2011 y en un acto de desesperación decidió protestar delante del mundo con lo único que creyó tener a mano contra su injusta condena y, sobre todo, contra la situación de esclavitud en que yace su querido pueblo cubano. Comenzó así una huelga de hambre, que no tenía como objetivo atentar contra su propia vida, sino de usarla, colocándola en serio riesgo, como el único medio de protesta que consiguió vislumbrar en su extremo abandono y aflicción en el fondo de las mazmorras castristas. A toda costa, con promesas mentirosas de liberación, intentaron hacer que renegase de sus ideas en favor de una Cuba libre, digna y próspera.

Lo aislaron desnudo en una húmeda y fría celda de castigo, donde contrajo neumonía. Le negaron la debida atención médica y le cortaron contra su voluntad la ingestión de agua, como ya habían hecho en 1972 con el también preso político y dirigente estudiantil Pedro Luis Boitel, por órdenes del propio Fidel Castro, así como recientemente hicieron en 2010 con Orlando Zapata Tamayo. Percibiendo los verdugos que no podían quebrar la resistencia de Wilman, el régimen castrista no solamente lo dejó morir sino que aceleró su muerte con la falta de atención médica adecuada, como lo hizo con Boitel y Orlando; y como el año pasado dejó morir en un hospital a Laura Pollán, fundadora de las Damas de Blanco.

En Cuba, las Damas de Blanco, a las cuales pertenece la viuda de Wilman, y figuras opositoras de la estatura de Martha Beatriz Roque Cabello, fueron las primeras en denunciar al mundo la arbitraria prisión de Wilman, el 24 de noviembre.

Fueron también ellas las primeras en condenar la actitud criminal del régimen comunista, consumada el 19 de enero. En esto, se vieron secundadas por los gobiernos de España, Estados Unidos y Chile; y respaldadas por una emocionante solidaridad de cubanos de la isla, de desterrados y de amantes de la dignidad humana, de la libertad y del derecho en el mundo entero.

En sentido contrario, los silencios más clamorosos, que me conste, han sido los de la Secretaría de Estado de la Santa Sede; del Cardenal de La Habana, Jaime Lucas Ortega y Alamino; y de la Conferencia de Obispos Católicos de Cuba.

El desesperado caso del joven Wilman era de público conocimiento desde hacía casi dos meses. Dos meses es mucho tiempo para aquellos Pastores que debían hablar; interceder por su libertad; darle asistencia espiritual en la cárcel, inclusive para advertir con caridad que la Iglesia se opone a las huelgas de hambre, así como presentar los motivos para esa oposición; exigir una asistencia médica adecuada; y dejar claro a los carceleros que ya no podían actuar impunemente. Pero hasta hoy, que me conste, permanecieron en un inexplicable silencio.

¿Será que no conocen o son indiferentes al oprobio e injusticia de que son víctimas los presos políticos en Cuba? ¿Será que no saben o son indiferentes a la violación institucionalizada de todos y de cada uno de los Mandamientos de la Ley de Dios? ¿No oyen estos gritos de desesperación y de angustia que brotan de las cárceles cubana? ¿Nada les dice ese drama inimaginable, y no les sugiere otra actitud fuera de este pesado silencio?

A través de conocidos motores de búsqueda de Internet, intenté localizar, de parte de alguna autoridad eclesiástica vaticana o cubana, siquiera una declaración de consuelo cristiano para la familia del preso político; o la narración de eventuales tratativas ante los carceleros; o una oración pidiendo misericordia divina para Wilman y aliento para el esclavizado pueblo cubano. Pero nada de eso encontré hasta este momento. También infructuosamente, intenté hallar al menos una referencia noticiosa a la muerte Wilman en el Osservatore Romano, en la Radio Vaticano, en las dos mayores agencias católicas, Zenit y ACI, en el sitio web de la Conferencia de Obispos Católicos de Cuba, y en los sitios web Espacio Laical y Palabra Nueva, de la Arquidiócesis de La Habana. Cuánto desearía ser desmentido por los hechos.

Ese silencio de Pastores llamados a dar la vida por sus ovejas, produce tanto o más sufrimiento que el propio asesinato de un joven miembro del rebaño.

Silencio más pesado por el hecho de que ha sido clamorosa la insistencia pública de S.S. Benedicto XVI y de la Santa Sede alegando la defensa de los derechos de la persona humana.
Silencio enigmático y desconcertante de la diplomacia vaticana una de cuyas raíces históricas parece estar, según destacados analistas, en el propio silencio del Concilio Vaticano II con relación al comunismo, lo cual hizo que los Lobos se sintieran en total libertad para diezmar al Rebaño en Cuba, en los países del Este europeo, en Rusia, China, Vietnam, etc.

El régimen castrista, al parecer tan seguro de su impunidad, ni siquiera se tomó el trabajo de fusilar a Wilman, a Boitel y a Orlando. Los dejó morir de una manera como no se deja morir siquiera a alimañas salvajes.

El desamparo en que han quedado su joven viuda y sus dos niñas enfermas, una de ellas epiléptica y la otra con serios problemas respiratorios, es un reflejo dilacerante del actual drama del pueblo cubano. Según versión recibida de Cuba por mi compañero de presidio y hoy brillante periodista, Carlos Alberto Montaner, las dos niñas no entienden lo que ha pasado con su querido papi. Como la familia tiene influencia cristiana, la madre les ha explicado que el papi se ha ido al Cielo. "¿Y dónde está el Cielo, mami?", preguntaron. "Muy lejos de Cuba. Muy lejos", les respondió la joven viuda.
Es a los artífices, propulsores y mantenedores del Infierno cubano, tan, pero tan lejos del Cielo, a quienes favorece en primer lugar el silencio vaticano.


(*) Por Armando F. ValladaresEscritor, pintor y poeta. Pasó 22 años en las cárceles políticas de Cuba. Es autor del best-seller "Contra toda esperanza", donde narra el horror de las prisiones castristas. Fue embajador de los Estados Unidos ante la Comisión de Derechos Humanos de la ONU bajo las administraciones Reagan y Bush. Recibió la Medalla Presidencial del Ciudadano y el Superior Award del Departamento de Estado. Ha escrito numerosos artículos sobre la colaboración eclesiástica con el comunismo cubano y sobre la "ostpolitik" vaticana hacia Cuba.
Sobre el viaje papal a la isla-cárcel, el 1o. de enero de 2011 dio a conocer el artículo "El viaje de Benedicto XVI a Cuba: esperanzas y preocupaciones", publicado por el Diario Las Américas, de Miami el 3 de enero de 2011, y difundido por centenas de blogs, sitios web y redes sociales de cubanos desterrados y defensores de la libertad en el mundo entero.


    

domingo, 8 de enero de 2012

Benedicto XVI y las Damas de Blanco. (*)

El 2012 trae a Cuba al Papa Benedicto XVI, que llegará a Santiago el 26 de marzo, en vísperas de la Semana Santa. Su visita coincide con la celebración de los 400 años de la aparición en la bahía de Nipe, de la Virgen de la Caridad del Cobre, patrona de Cuba. De esta forma la Iglesia Católica convoca a una ceremonia donde estarán presente la disidencia que reclama las libertades individuales y los agentes que las reprimen, las victimas y los verdugos, la luz de la fe en la virgen milagrosa y la sombra de Raúl Castro, que gobierna un marxismo muerto sin sepultura.

Nadie dude que en esa luminosa liturgia habrá de todo pero este acto perdería su esencia moral si no logramos que sea también un reconocimiento a la dignidad de la mujer cubana simbolizada en las Damas de Blanco, que a lo largo y ancho de la isla han hecho de las iglesias de Cuba un santuario de libertad. De esta forma, el Santo Padre junto a las Damas de Blanco podrán elevar una oración a la Virgen en tributo a la memoria de Laura Pollán, mártir de la heroica resistencia de la mujer cubana. Pidámosle a Benedicto XVI que reciba a las Damas de Blanco.

Históricamente, esta es la segunda visita de un Papa a la patria de Martí. En enero 21-25, 1998, Juan Pablo II llevó su mensaje de esperanza a varias ciudades de la isla y fue precisamente en Santiago de Cuba donde el arzobispo Pedro Maurice le dio la bienvenida y en presencia de Raúl Castro, le presentó al Santo Padre la Cuba profunda que sufre y sueña con la libertad. El Arzobispo humilde y valiente dijo: “Le presento el alma de una nación como una diadema de realidades, sufrimientos, alegrías y esperanza… la nación vive aquí y en la diáspora. El cubano sufre y espera aquí y también sufre, vive y espera en la diáspora”. 

Habló de todos aquellos cubanos: “que no han podido optar y desarrollar un proyecto de vida”. Y con el coraje de un sabio santo que señala errores y predica con el ejemplo le dijo a Juan Pablo II: “Le presento además al grupo de cubanos que han confundido la Patria con un partido… y la cultura con una ideología”. Raúl Castro, atento y callado, tenía en el rostro la terrible mirada de su legendaria crueldad.

Juan Pablo II, profundamente emocionado, respondió con la certeza de quien había sufrido por sus ideales y su fe religiosa. En su voz vibraba la heroica Polonia y con palabras cargadas de devoción habló a los cubanos del dolor del cuerpo y del alma. Del sufrimiento de los perseguidos y encarcelados por razones de sus creencias y alentó a defender el derecho de los ciudadanos a participar en el debate público. 

A la hora de partir, como el que conoce y lleva heridas de tiranos, se despidió de Cuba con un llamado a la dignidad nacional. Juan Pablo II dijo: “la Iglesia llama a todos para hacer de la fe la realidad de sus vidas… y alcanzar la verdadera libertad que incluye el respeto a los derechos humanos y la justicia social”.

Han pasado cerca de 14 años desde la visita de Juan Pablo II. En la tribuna del recibimiento a Benedicto XVI habrá notables ausentes. Santiago de Cuba lloró la muerte de su amado arzobispo, Pedro Maurice. El Papa de desbordante personalidad y evangelio santo murió fiel a la prédica de ese Jesús que nos dijo “la verdad les hará libres” y Fidel Castro alucina medio muerto junto al cadáver de su revolución. 
Presentes en las calles de Cuba hay cientos de jóvenes que reclaman libertad. Luchan pacíficamente armados con computadoras, teléfonos celulares, guitarras y mucha dignidad. Bertha Soler, Yoani Sánchez, Sara Marta Fonseca, Ivonne Malleza, Tania Maldonado, Rosario Morales, Mercedes García, Jorge L. Pérez “Antúnez”, José Daniel Ferrer, Angel Moya, Oscar Elías Biscet y Gorki Aguila son la esencia de la Cuba Nueva, de la Cuba joven, indómita y rebelde.

La visita de Karol Wojtyla a Polonia en 1979, investido como el Papa Juan Pablo II sirvió para galvanizar a los indignados que reclamaban sus libertades ciudadanas, generando una intensa movilización que culminó en una gigantesca concentración popular de más de medio millón de personas. Así fue como el pueblo polaco cobró conciencia de su poder real de que eran muchos frente a un régimen de pocos, irremediablemente fracasado.

Es fascinante ver como en ciudades diferentes de Cuba y en el exilio, la gente parece tener la misma idea, sobre el mismo tema de libertad, al mismo tiempo. No es posible continuar la farsa de la revolución. La visita del Papa ofrece una histórica oportunidad para reunir medio millón de cubanos en la liturgia de la Plaza Cívica junto al altar donde se celebrará el ofertorio a la Virgen de la Caridad del Cobre y así con una presencia masiva dar inicio a los funerales del marxismo en Cuba. Llegó la hora de la redención de las libertades individuales y será allí donde la Patria y la Fe podrán escribir una épica de esperanza. 

Pedro Roig es asesor principal del Instituto de Estudios Cubanos y Cubano-Americanos de la Universidad de Miami.


(*) Por Pedro Roig