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domingo, 19 de febrero de 2012

Comer en Cuba. (*)

Para nadie es un secreto que comer en Cuba es toda una proeza. Tanto así que sus propios habitantes han recurrido a lo imposible para satisfacer sus necesidades. Testimonio de un cubano que ha sido testigo de lo que la revolución de Fidel los ha llevado a hacer con tal de no morir de hambre.


En Cuba la gula no es un pecado sino un milagro. Sobre todo a partir de aquel año 1989 en que fue declarado el tristemente célebre Periodo Especial. Después de que los cubanos escucháramos por un tiempo palabras raras como glasnost y perestroika, supimos de qué se trataba: ¡se evaporaba el sólido campo socialista! La mañana en que dio comienzo el siniestro Periodo Especial, después de un imperioso rumor que sirvió para que la gente se hiciera a la idea, vimos que las pizarras de las bodegas cambiaban su lista de viandas por un rotundo: “Pan y huevos, solo por la cartilla de racionamiento”.

La cartilla de racionamiento —conocida popularmente como ‘libreta de la bodega’— no se crea ni se destruye, se transforma. El propósito de la triste libretita es regular los productos básicos que puede comprar una familia cada mes: arroz, frijoles, aceite, jabón y poco más. Siempre sujeta a reducciones: ¿Que se muere la abuela? Al mes siguiente toca un kilo menos de arroz. ¿Que el niño cumple ocho años? Ya no le toca leche. ¿Que se derrumba el campo socialista? Pues el pan y los huevos ya no pueden adquirirse libremente, sino que son incluidos a la cartilla de la miseria. Ya se sabe: lo bueno, si breve, dos veces bueno. Principio que se aplica perversamente en la libreta de la bodega en Cuba.

Nadie podía creerlo. ¿El pan y el huevo de pronto estaban racionados? Aquello fue el comienzo de una debacle donde el único pan diario por persona se fue empequeñeciendo a velocidad de crisis y los huevos se convirtieron en los tres mosqueteros quincenales. ¿Cómo se alimenta alguien con un solo pan diario y tres o cuatro huevos a la quincena? ¿Cómo se las arregla una madre de familia para llenar la cacerola nuestra de cada día? That is the question, dirían los cazadores y recolectores de la tribu. 

Pero el cazador-recolector cubano posee una imaginación a prueba de racionamientos. Así que la cosa fue derivando hacia una variopinta búsqueda de soluciones alternativas en ese país chico que de pronto era infierno grande. El inventario de lo que hizo la gente para comer puede dar lugar a un menú surrea(socia)lista que desbordaría el espacio de una revista. Contentémonos con algunos casos increíbles pero ciertos. Un plato distinto para cada día de la semana. 

Lunes: Cerdo citadino al silencio. Desde tiempo inmemorial, el cerdo ha constituido la carne angular del soporte gastronómico dentro de la isla. A nadie nunca se le había ocurrido que aquellos animales podían domesticarse en las zonas más residenciales de la urbe. 

Como los departamentos no contaban con la adecuada infraestructura para la cría de cerdos, la gente comenzó a criarlos dentro de las bañeras. Era el lugar idóneo, pues permitía, al abrir la ducha, canalizar los abundantes y muy olorosos detritos que el bicho producía. Por lo demás, una vez que la bestia pasaba de peso pluma a peso wélter y decidía dar la batalla por su libertad (no hay nada más inquieto que un cerdo citadino), los bordes redondeados y resbaladizos de la bañera anulaban tobogánicamente toda posibilidad de éxito. El animal podía patalear cuanto le viniera en gana, hasta que de tanto revolcarse hacia el fondo terminaba agotado y hambriento. Pero quedaba un grave problema por solucionar: el escándalo. Como cada mañana, yo y todo el vecindario despertábamos escuchando que un horizonte de cerdos chillaba muy lejos del río y muy cerca de nuestra vida. Pero he aquí que un extraño día se hizo el silencio. Y aunque ya mi madre me había explicado la extraordinaria causa de esto, quise verificarlo con mis propios ojos, por aquello de “ver para creer”. Entré a casa del último vecino que poseía un cerdo escandaloso, y allí estaba el veterinario. ¿Qué hacía aquel profesional de la salud porcina? Muy sencillo: la gente del vecindario le pagaba para que interviniera quirúrgicamente a los cerdos sustrayéndoles las cuerdas vocales.

Martes: Cocodrilo dentro de la ley. Con ese olfato que le ha granjeado a mi vecina Nieves fama de experta negociante, también ha conseguido criar su propio sustento. Tiene un par de saurios amarrados en el patio de su casa. Y Nieves me explica que un cocodrilo es de lo más rentable: come cualquier cosa, por tanto, cuando no hay comida lo alimenta con un mejunje de trapos hervidos y cartones remojados en azúcar. Jamás monta un escándalo. Persuade a los vándalos del barrio de no colarse a robar en su patio, posee una apetitosa carne tierna, y una vez sacrificado su piel es harto codiciada por los turistas. Y lo que es aún mejor: no existe una ley que le prohíba a la gente tener su cocodrilo amarrado en el patio. De modo que ni siquiera es ilegal. Es así como de vez en cuando se instala en la mesa de Nieves el estofado de cocodrilo.

Miércoles: Pollo gigante al cautiverio. El caso más sonado fue el de Pancho, el avestruz del zoo. Solía ser tan dócil que durante la misma hora de todas las mañanas, estiraba su cuello periscópico fuera de la jaula hasta alcanzar la ventana siempre abierta del director. El director le regalaba trozos de pan viejo y cáscaras de plátano. ¡Ah, Pancho! Nunca un ave tan fea había sido el bonito orgullo de un director de zoo. Pero el avestruz un día desapareció sin dejar rastro. Luego de pesquisas inquisitoriales, el azar dio indefectiblemente con la respuesta. Una de las niñas del barrio comentó en el colegio que en su casa no había qué comer y su papá había preparado para la cena un muslo de pollo ASÍ. Y al decir esto último abrió sus brazos tanto como pudo. La maestra continuó indagando y la niña orgullosa confesó que el pescuezo del pollo también era ASÍ, y el corazón y las alas eran ASÍ. Así fue como se supo que el director del zoo había engordado a Pancho y lo había servido en su mesa doméstica, pues casualmente la niña era la hija del director. Cundió el mal ejemplo, y poco a poco fue diezmada la comunidad de cocodrilos, ciertas especies de monos, todas las aves, algún que otro camélido y otros herbívoros.

Jueves: Conejo de altura. Al trepar al techo de mi casa constaté, como en un laberinto de espejos, que la totalidad del vecindario enviaba a sus vástagos avituallados para la pesca. El barrio se ensombrecía a causa de los apagones y de la escasez de bombillas. Alguien, probablemente uno de los hijos de Nieves, me impuso el más cauto silencio por medio de ostensibles gestos, y se ofreció a compartir la sección de alero que le correspondía para enseñarme los procedimientos técnicos de la pesca de altura. Se lanza en enérgica parábola la plomada con su cebo enganchado al anzuelo, de tal modo que permanezca hundida en algún vericueto oscuro de un tejado vecino. Esto era lo principal. Lo demás es el tacto de relojero, la experiencia y el rigor en la batalla. Cuando el gato muerde cebo se verifica un leve corrimiento del sedal, progresivo, hipócrita. Luego el gato se traga la carnada y empieza la lucha, porque el histérico genuflexo no comprende lo que le está sucediendo. Se voltea bocarriba, profiere alaridos desnaturalizados que parecen los de un recién nacido, aferra sus manos felinas a cuanta superficie encuentra a su paso, da saltos electrizados. La única manera de vencerlo es dando sedal, otorgándole un respiro que deprima sus fuerzas, otra vez recogiendo, otra vez dándole sedal y otra vez recogiendo drásticamente hasta que su cuerpo con ojos de loco quede colgando en la punta de la caña. Una vez despellejado y descabezado, se hace prácticamente imposible distinguir a un gato de un conejo. El nuevo espécimen había sido bautizado rigurosamente como ‘conejo de altura’.

Viernes: Bistec vegetariano de bajo costo. El hijo de Nieves tenía una bicicleta ucraniana y una imaginación bastante retorcida. Una de las cosas que más sufría la gente cuando en los trabajos les otorgaron bicicletas como medio de transporte era el calor. Pedalear dos horas, sin haber desayunado, bajo el sol del trópico es —como diría un célebre cantante— una experiencia religiosa. Así fue como al hijo de Nieves se le ocurrió la siguiente idea mientras sudaba pedaleando con el estómago vacío: la frazada de invierno que tengo en casa puede servir para llenar la barriga. Entonces se dio a la enigmática tarea de cortar en trozos pequeños su frazada. Los remoja en un aliño de naranja agria, ajo, sal y pimienta durante toda la noche. Y al día siguiente enharina cada trozo y los fríe en una enorme sartén industrial. Luego compra panes de contrabando, les mete aquello dentro calzado con unas hojas de lechuga, y se va pedaleando a las playas para vender los sándwiches. El hijo de Nieves ha dejado el trabajo, ahora es un solicitado chef de verano playero.

Sábado: Pizza anticonceptiva. Qué se la va a hacer, a todo el mundo le gusta la pizza. Dicen que fue inventada por los italianos como un recurso para no desechar el pan ni las sobras de salsa y queso del día anterior. Pero en el Periodo Especial cubano lo único que se puede comprar del queso son sus agujeros. Así que a alguien —un primo del hijo de Nieves, por ejemplo—, se le ocurre vender pizzas para todo el vecindario cada sábado. Y esto se le ocurre cuando intenta infructuosamente colocarse uno de esos pequeños preservativos chinos que regalaban en toda farmacia de los años ochenta. Al día siguiente prepara la masa, aplica la salsa de tomate y a cada pizza le coloca encima un par de preservativos chinos picados en trocitos. Una vez horneado aquello es suave, untuoso y elástico. Créanme que un preservativo derretido parece auténtica mozzarella. Y ya que la pizza surgió en Italia para aprovechar las sobras, la pregunta es, ¿el primo usaba preservativos vírgenes o reciclaba 

Domingo: Gallina de mar. Dicen que la principal virtud del pescador es la paciencia, y el domingo no hay nada que hacer. Así que la gente que vive cerca del mar —casi todo el mundo, que Cuba es una isla flaca y larga— siempre merodea por la costa para ‘matar el tiempo’ o esperando ‘que caiga algo’. Y sin hacerse a la mar, sin tirar redes, sin siquiera tomarse el trabajo de lanzar el sedal con el anzuelo, con un poco de paciencia y oteando el horizonte se ve venir, de vez en cuando, algún pollo muerto de los rituales de santería. Generalmente viene sin cabeza —cosas del sacrificio— aunque con plumas. Los santeros deberían desplumar sus pollos antes de echarlos al mar en ofrenda, dice alguien. ¿Quieres venir a almorzar hoy a casa? No, gracias, no soy escrupuloso con la comida, pero tengo mis veleidades místicas. Además, quizá el ave viene flotando desde Haití.

Para la muestra, como suele decirse, un botón. He registrado aquí aquello que considero un aporte cubano a las gastronomías de posguerra. Hoy se habla mucho de la nouvelle cuisine, de la fusión y la cocina de autor, pero si nos ponemos rigurosos deberíamos aceptar que los cubanos fueron precursores. De una manera terrible. Y en honor a las verdades que aquí expongo, todo sea dicho: estos platos fructificaron en la etapa más tenaz de la crisis. No obstante, hoy la gente sigue con la tradición y el invento. Ya lo dice su gobierno: Cuba es y seguirá siendo un ejemplo.




    

jueves, 9 de febrero de 2012

Terrorismo de Estado en Cuba - PRUEBAS 2

Casualmente, aquellas personas que por costumbre suelen dedicarse a defender lo indefendible, argumentan que Cuba es algo así como un paraíso terrenal, una especie de isla donde pareciese que lo ideal se materializa bajo el lema de "Socialismo, Patria o Muerte". Todos hemos escuchado, o en su defecto leído, algunas respuestas así como que: en Cuba todos apoyan al régimen, que nadie necesita nada porque el Estado todo se los dá, que la Educación, que la Salud, etc., etc., etc., y toda una serie de argumentos vacíos de sustento y validez, cuando se los pone en la balanza con la ausencia de "libertad".

Aunque todo ésto fuera cierto, suponiendo de que somos muy ingenuos y creemos en todos los ideales socialistas (aunque basta observar, que después de 50 largos años de promesas, la teoría es imposible de ponerla en práctica), -y acá no faltará el "siempre Revolucionario" que venga y me diga: "gusano, Imperialista, agente de la CIA y de los EEUU, y blablabla"- cuánto de esto puede ser verdad, cuando ni siquiera los mínimos derechos del ciudadano son permitidos de ponerse en práctica, y éstos son reprimidos por el aparato represor de la dictadura castrista.

Ya decía Fidel Castro en varias oportunidades: "En Cuba respetamos los DDHH de todos los ciudadanos, en nuestro país todo el mundo tiene derecho a expresarse y a reclamar por aquello que cree justo". Ahora veamos, si éstos dichos del ex-dictador, el COMAandante Fidel son tan ciertos como la prensa oficial se encarga de esparcir por el mundo.

En la siguiente filmación, puede observarse como una "pequeña e incipiente" manifestación es automáticamente reprimida por el aparato oficial, y no sólo ésto... observe que tan bien están organizados los agentes del gobierno, que mientras unos dispersan y capturan a los pocos manifestantes, otros con "modernos sistemas" (típico de los avances tecnológicos del comunismo) intentan evitar que la cámara tome esas imágenes.

El objetivo es simple, frenar cualquier indicio de manifestación y evitar que ésto contagie al resto de los ciudadanos que muy hartos están del sistema, y por sobre todo, evitar que éstas imágenes se filtren en la prensa internacional, ya que la local no importa, porque  poco eco se hace de lo sucedido.


Las conclusiones las puede sacar usted mismo...



    

Huelgas en centrales azucareros en el oriente de Cuba. (*)

Un central azucarero en Media Luna, Granma. Foto: Roberto J. Guerra.
Grupos de obreros fueron a la huelga en protesta por la rebaja de sus salarios y el incremento de la jornada laboral, en los centrales azucareros "Bartolomé Masó" y "Roberto Ramírez Delgado", ambos de la oriental provincia de Granma, según informan pobladores de Niquero.

Las autoridades presionan a los huelguistas: En Cuba no existe derecho a huelga ni a sindicalización libre, y sus intentos son reprimidos como "delito contrarrevolucionario".

En el central "Roberto Ramírez Delgado" del pueblo de Niquero, no se presentaron al trabajo el jueves 2 de febrero unos 30 trabajadores del turno de 7 de la noche a 10 de la mañana.

A las 10 de la noche autoridades del Partido emplearon una ambulancia para ir a recoger a cada uno de los huelguistas en sus hogares y exigirles incorporarse al trabajo.

Al día siguiente el oficial del Ministerio del Interior Ernesto Zans los citó para el central donde se reunió en una oficina con los huelguistas para informarles las posibles "medidas que tomarían con los que se ausenten al trabajo".

Los trabajadores de Niquero están descontentos por la imposición administrativa de la jornada laboral de 12 horas con menor pago que cuando laboraban la jornada de 8 horas establecida por la Constitución y la legislación laboral.

En la zafra pasada en el central de Niquero las autoridades demoraron tres meses el pago de "la estimulación" -pago adicional en pesos convertibles, equivalentes a moneda extranjera e indispensable para comprar ciertos productos.

Y cuando tardíamente lo pagaron, los obreros quedaron insatisfechos por considerarlo insuficiente respecto a las normas oficiales que lo regulan según resultados de producción y ahorro de energía.

En el central "Bartolomé Masó", del municipio del mismo nombre y de mayor importancia que el de Niquero, hubo tres días de huelga, pero se ignoran los detalles.

Los trabajadores del central de Niquero dicen que si continúa la situación prefieren abandonar sus empleos, pero desde inicios del siglo XX la vida económica de toda región azucarera está estructurada en torno a cada central, y del resto del oriente de Cuba llegan noticias de desempleo, despidos, escasez de alimentos y precios altos.


(*) Por Jaime Leygonier de Hablemos Press.


    

jueves, 2 de febrero de 2012

Jugando al juego de Fidel. (*)

Algunos países, al igual que Guatemala, se prestan al juego de Fidel Castro y venden la imagen de una Cuba donde: “la salud y la educación son las mejores”. Y yo ciertamente lo creía de esa forma, hasta que tuve la oportunidad de viajar a la isla y conocer la Cuba real, aquella que no todos los turistas llegan a conocer, aquella donde hay más pobres, menos libertad, más miseria y menos oportunidades de lo que se cuenta en el extranjero.

Los más de 12 millones de cubanos tienen acceso a una educación que una vez adquirida resulta inútil, ya que no existe la posibilidad de utilizarla en una sociedad totalmente estática y donde se le niegan oportunidades a toda iniciativa particular. Igualmente los cubanos tienen acceso al servicio de salud pública, pero el cubano promedio debe conformarse con hospitales y clínicas dilapidadas, caracterizadas por su equipamiento médico obsoleto y sus farmacias vacías. Dichos servicios se vuelven aun más mediocres a consecuencia de que el único incentivo que tienen los maestros y médicos es un sueldo miserable que apenas les permite vivir, convirtiéndose en verdaderas víctimas de la explotación del propio gobierno. La única recompensa que tienen los que viven esta crueldad, es la de saber que eventualmente Cuba no será igual que ayer o que hoy, y que ya no habrá nada estático.

¿Será entonces que la totalidad de los cubanos es pobre? En absoluto, los súbditos del régimen Castrista reciben infinidad de privilegios tales como servicios de salud de primera clase, estudios en el extranjero para sus hijos, el disfrute de comidas y bebidas importadas en lujosos hoteles y habanos de cien dólares para sobrellevar mejor el estrés de la “revolución”.

El pueblo cubano es un pueblo enérgico con fuertes ansias de liberación. Lo paradójico de toda esta situación es que en las calles las proclamas contienen frases revolucionarias que se repiten a cada paso, del tipo: “Patria o muerte”, “Este país no podrá ser sometido”, o “Vamos bien”, poblando los espacios más visibles de carreteras, calles y edificios, y recordando al Cubano a cada instante el temor reverencial que debe sentir.

Cuba es, palabras más palabras menos, una de las mayores cárceles del mundo, donde se violan diariamente los derechos humanos, democráticos y ciudadanos. Y todo esto a sabiendas de que no existe mayor transgresión en contra de un ser humano que el embargo de sus libertades.

Lo que más me impactó de la Isla fue el alto índice de cubanos que se prostituyen ante la necesidad de procurar un sustento a sus familias. La enorme cantidad de mujeres, hombres y jóvenes en general, que alquilan el único bien material que al régimen le queda difícil expropiar: su cuerpo. Es una fantasía de los extranjeros afirmar que una jinetera se va con alguien por un par de pantimedias o un pintalabios. Tuve la oportunidad de conversar con una de ellas y me comentó que últimamente llegan a cobrar hasta 100 dólares americanos por servicio, el equivalente a 2.300 pesos cubanos, el sueldo de 10 meses de un maestro en Cuba.

Dejemos de jugar al juego de Fidel, y evidenciemos la realidad en la que se encuentra sumergido el pueblo Cubano, dejemos de ser turistas que se aprovechan de la necesidad de las personas de este país, contribuyamos llevando esperanza y haciéndoles saber que no están solos y que aunque lejos, hay muchas personas que los queremos ver libres.


(*) Carolina Rodríguez de León, Movimiento Cívico Nacional en Guatemala.

Fuente: HACER


    

martes, 31 de enero de 2012

El discurso del "Nuevo Comunismo".

En nuestro partido político cumplimos con lo que prometemos, 

sólo los necios pueden creer que 

no lucharemos contra la corrupción, y el hambre. 

Porque si hay algo seguro para nosotros es que 

la honestidad, los DDHH, la libertad de expresión, la libre participación política y la transparencia son fundamentales 

para alcanzar nuestros ideales de una sociedad comunista perfecta. 

Demostraremos que es una gran estupidez creer 

que la familia Castro seguirá formando parte del gobierno como en otros tiempos, y que nuestro único interés son los verdes dólares del Imperio y por sobre todo, perpetuarnos en el poder. 

Aseguramos sin lugar a dudas, que

la justicia social, la libertad de expresión, la libertad de mercado, y los DDHH será el fin principal de nuestro accionar. 

Pese a eso, todavía hay idiotas que fantasean -o añoran- que 

se pueda seguir gobernando con las mañas de la vieja política que ha estado robando y mintiendo por más de 50 años. 

Cuando muera Fidel y estemos solos en el poder, haremos lo imposible para que 

los cubanos puedan entrar y salir libremente de la isla, se acaben los privilegios, las represiones a disidentes y nuestros negociados en privado con el capitalismo. 

No permitiremos de ningún modo que 

Nuestro pueblo se muera de hambre, y no tenga dinero al menos para comer 

Cumpliremos nuestros propósitos aunque 

los recursos económicos se hayan agotado, y hayamos entregado el último rincón de la isla

Ejerceremos el poder hasta que 

Comprendan desde ahora que 

Somos la "nueva Cuba Comunista". 


(Si queres leer lo que realmente quieren decir... leelo de abajo hacia arriba)


    

domingo, 22 de enero de 2012

Quiero confesar que SOY UN GUSANO!

Muchos de los que diariamente destinamos una parte de nuestro valioso tiempo, en dar a conocer la situación en que vive sumergido el pueblo cubano, y mostrar la verdadera y perversa cara de la dictadura castrista, somos tildados de "gusanos". Lejos de tomar el término como peyorativo, quiero decirles a todos aquellos que intentan desacreditarnos de esta infantil e infundamentada manera, que:

- Si soñar con un futuro mejor para Cuba, es ser gusano.
- Si defender los DDHH en Cuba, es ser gusano.
- Si pretender la LIBERTAD de pensar, opinar y expresarse libremente, es ser gusano.
- Si deseo que cada cubano puede elegir su propio destino, es ser gusano.
- Si sueño con una Cuba donde se pueda ELEGIR al Presidente, es ser gusano.
- Si no creo absolutamente en ninguna de las falsas promesas revolucionarias, es ser gusano.
- Si defiendo aquellos valores en los que creo justos, es ser gusano.
- Si después de más 50 años de Revolución, soy capaz de ver que todo ha sido todo una mentira, es ser gusano.
- Si logro ver, que la Revolución ha sido una farsa para que un grupo de ladrones se adueñe de la isla y esclavicen a 11 millones de cubanos, es ser gusano.
- Si sueño con que cada cubano pueda entrar y salir de "su" país libremente, es ser gusano.
- Si sueño una Cuba, donde nadie sea perseguido, encarcelado o reprimido por pensar diferente, es ser gusano.
- Si reclamar por aquello que uno considera justo y honesto, es ser gusano.
- Si considero que un grupo de mentirosos y corruptos han robado todos los derechos y sueños a los cubanos, es ser gusano.
- Si imagino una Cuba, donde los cubanos (verdaderos dueños de Cuba) tengan los mismo derechos que los extranjeros, es ser gusano.
- Si imagino un país, donde cada ciudadanos pueda cobrar un sueldo de acuerdo a su esfuerzo y trabajo, es ser gusano.
- Si sueño con una Cuba, donde cada uno pueda acceder a internet, canales de televisión, o periódicos, con total libertad, es ser gusano.
- Si imagino un futuro donde cada cubano pueda ser dueño de su destino, es ser gusano.
- Si por no creer en el bloqueo, y si en un embargo. Y que el Gobierno cubano utiliza la "excusa" del bloqueo para justificar todos sus fracasos, es ser gusano.
- Si por considerar que el comunismo ha fracasado en Cuba y en todo el mundo, es ser gusano.
- Si considero "absurdo" y de ignorante, creer que quien no apoye al comunismo cubano, está con el "Imperio Yanqui" o trabaja para éste, es ser gusano.
- Si por considerar por IDIOTAS, a quienes defienden al comunismo sin haberlo vivido, es ser gusano.

Pues amigos, debo reconocer que si!!!... SOY UN GUSANO, y encantado de serlo. Pero no se olviden... que los gusanos con el tiempo, se convierten en bellas mariposas.



    
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sábado, 21 de enero de 2012

Éramos tan jóvenes... (*)

Manos amigas me hicieron llegar estas palabras que me hicieron reflexionar. ¿Acaso mantiene su vigencia este discurso? ¿Se podrá acusar de contrarrevolucionario a su autor? Pues por haber exigido exactamente estos derechos, miles de cubanos fuimos tratados como tal, castigados y estigmatizados, durante los 50 años que le siguieron. Veamos:

*Fragmentos del discurso pronunciado por el Comandante Fidel Castro Ruz, en la Plaza de la Ciudad de Camagüey, el 4 de enero de 1959.

“… Libertad de prensa hay ahora, porque sabe todo el mundo que mientras quede un revolucionario en pie habrá libertad de prensa en Cuba (APLAUSOS). Quien dice libertad de prensa, dice libertad de reunión; quien dice libertad de reunión, dice libertad de elegir sus propios gobernantes libremente (APLAUSOS). Cuando se habla del derecho de elegir libremente, no se refiere solo al presidente o a los demás funcionarios, sino también a los dirigentes; el derecho de los trabajadores a elegir sus propios dirigentes (APLAUSOS). Cuando se habla de un derecho después de la Revolución triunfante, se habla de todos los derechos; derechos que son derechos porque no se pueden arrebatar, porque el pueblo los tiene asegurados de antemano.

Cuando un gobernante actúa honradamente, cuando un gobernante está inspirado en buenas intenciones, no tiene por qué temer a ninguna libertad…”(APLAUSOS)

“… Yo estoy seguro de que los cubanos no se conforman simplemente con ser libres en su patria. Yo estoy seguro de que los cubanos quieren además disfrutar de su patria. Yo estoy seguro de que quieren también participar del pan y la riqueza que se producen en su patria.

¿Cómo vamos a decir: “esta es nuestra patria”, si de la patria no tenemos nada?, “mi patria”, pero mi patria no me da nada, mi patria no me sostiene, en mi patria me muero de hambre. ¡Eso no es patria! Será patria para unos cuantos, pero no será patria para el pueblo (APLAUSOS). Patria no solo quiere decir un lugar donde uno pueda gritar, hablar y caminar sin que lo maten; patria es un lugar donde se puede vivir, patria es un lugar donde se puede trabajar y ganar el sustento honradamente y, además, ganar lo que es justo que se gane por su trabajo (APLAUSOS). Patria es el lugar donde no se explota al ciudadano, porque si explotan al ciudadano, si le quitan lo que le pertenece, si le roban lo que tiene, no es patria.

Precisamente la tragedia de nuestro pueblo ha sido no tener patria. Y la mejor prueba, la mejor prueba de que no tenemos patria es que decenas de miles y miles de hijos de esta tierra se van de Cuba para otro país, para poder vivir, pero no tienen patria. Y no se van todos los que quieren, sino los pocos que pueden. Y eso es verdad y ustedes lo saben. (EXCLAMACIONES)

Luego, hay que arreglar la República. Aquí algo anda mal o todo anda mal (EXCLAMACIONES DE “¡Todo!”) pero tenemos que arreglar la República ustedes y nosotros (EXCLAMACIONES), y por algo hay que empezar…”

Fin de la cita.

¿Se habrá equivocado el Comandante al pronunciar este discurso? ¿Hasta qué punto el tiempo desmintió aquella arenga pronunciada durante el avance del Ejército Rebelde hacia la capital? ¿Cuándo y por qué se abandonó el camino? Entonces todo parecía posible. Estas palabras iban dirigidas a un pueblo que sólo aspiraba a tener garantizado un trabajo honrado que alimentara a sus hijos, que le permitiera vivir decorosamente para dejar atrás la pobreza material y espiritual con el fruto de sus manos; que deseaba verse representado por dirigentes políticos y sindicales que no traicionaran sus auténticos intereses de clase trabajadora; contar con una vivienda que, aunque humilde, garantizara un mínimo de confort y seguridad a su familia; gozar de las riquezas generadas por él sin prohibiciones mezquinas que lo humillaran a la puerta hoteles prohibidos; contar con una prensa ética, incensurable, que no callara ante ninguna ignominia por decreto divino de ningún partido; dejar de vivir bajo el miedo y la mentira; conquistar un Estado de Derecho como garantía de que ningún poderoso por encima de la Ley pueda atropellar impunemente al ciudadano común, y poder vivir con dignidad en su patria para no verse obligado a mendigar su prosperidad en otras tierras del mundo.




    
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martes, 17 de enero de 2012

¿Cómo era Cuba, antes de la Revolución?

Muy a menudo escuchamos entre los detractores del régimen de los hermanos Castro, que la Revolución Comunista ha tenido una serie de logros muy importantes para todo el pueblo cubano. Entre ellos se podría citar como primer estandarte a la educación, salud, nutrición, y un par más de banderas que algunos desinformados o guerrilleros de cartulina intentan agitar en medio de lo que se percibe como el cercano final de la dictadura castrista. 

Cómo acotación preeliminar, quiero aclarar que mi objetivo lejos está de enarbolar el gobierno de Fulgencio Batista, ya que nadie niega que haya sido un Presidente corrupto con tintes dictatoriales, pero si es mi objetivo, desenmascarar con números "verdaderos y comprobables", que aquellos logros alcanzados por el pueblo cubano en los años ´50, son los mismos de los cuales el castrismo intenta adueñarse 50 años después, total... pocos tienen memoria, y la historia la escriben los que ganan, al menos hasta ahora.

Vayan algunos datos para comprar la Cuba pre-revolucionaria, con la Cuba comunista de los hermanos Castro, sobre todo para aquellos ilusos que repiten cuál loros enjaulados, las muletillas baratas, fruto de discursos repetitivos y publicidades revolucionarias

Algunos datos extraídos de diversas publicaciones, y resumidos para que cada uno pueda sacar su propia conclusión:

- en el año ´59, económicamente Cuba estaba en el puesto 22º entre las primeras 122 naciones del mundo; 

- era el 3º país con mayor ingreso per cápita de Latinoamérica (después de Argentina y Uruguay), de hecho como dato al margen, los cubanos tenían similar al ingreso per cápita de los italianos;

- en cuanto al nivel de exportaciones (año 1959) los cubanos, estaban un 66% por arriba de lo que exportaron en  el año´94, vaya abismo, signo del nivel de producción del país;

- en el ´56 Cuba tenía más líneas de FFCC por km cuadrado que los EEUU, ¿cuanto más? tres veces más que los propios "yanquis";

- en el ´58 el salario medio por jornada de 8 horas, para un cubano era de US$ 3, mientras que por ejemplo en Bélgica era de 2,70, 1,74 en Francia, y 4,06 en EEUU. Hoy año 2012, un cubano de a pié, cobra entre US$ 12-18 al mes, y sin tener en cuenta de lo que representaba un dolar 50 años atrás contra un dolar hoy en el 2012;

- en el ´58, los trabajadores cubanos, percibían un 66% del PBI, mientras en Argentina, por ejemplo, un 57%, en EEUU 70%, y sólo el 5 % de las inversiones eran americanas;

- en el ´59 Cuba era el 1º país con el porcentaje de habitantes que sabían leer y escribir, entre los países hispanoamericanos y con un 80% de la población alfabetizada;

- en el ´59 estaba entre los 5 primeros países de Iberoamérica en publicaciones de prensa, con 101 ejemplares por cada 1.000 habitantes de circulación diaria;

- había una radio cada 5 habitantes, una TV cada 20, un auto cada 27 y un teléfono cada 28 habitantes; sólo los EEUU, entre todos los países del mundo, superaba a Cuba;

- la tasa de mortalidad infantil, era inferior a la de EEUU, había el doble d emédicos y cirujanos por habitantes en proporción a lo que existen después de 50 años de Revolución; 

Así que, como pueden comprobar, los "pseudos-logros" de la revolución, ya habían sido anteriores logros de los propios cubanos. En todo caso, si correspondiese reconocer logro alguno a Fidel Castro, en éste caso, si debiera ser el haber podido mantener algunos niveles o estándares de vida de los cubanos, pero no mucho más que eso, ya que basta con recorrer la isla, para comprobar, que todo lo que está, es de más de 50 años atrás... y por cierto, en muy mal estado de conservación.

Quién quiera creer, que lo crea. Quién quiera seguir en su necia postura de no querer ver la realidad, que siga. Y si alguno tiene la autoridad de desmentir estos valores, que lo haga, nadie tiene la verdad absoluta, aunque muchos así quieran creerlo.



    
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domingo, 8 de enero de 2012

Médicos cubanos, negocio lucrativo y arma ideológica. (*)

Dijo que iría vestida con falda corta de mezclilla y blusa roja, que iría sola y estaría cerca de la cafetería del segundo piso de un supermercado grande donde sus colegas, médicos cubanos como ella, probablemente no estarían. Ninguno de ellos tiene los $3 que cuesta un plato de arroz, un pedazo de carne y ensalada de papas (el menú del día), acompañado con un jugo de mango en envase de cartón.

El encuentro se fijó para las 2 p.m., y entra precisamente a esa hora, casi sin mirar las repisas llenas de productos que está loca por probar pero no puede. Está guardando dinero para escapar a Estados Unidos.

“Para mí esto simplemente es una vía de salida”, dice la mujer, una internista de 30 años que tiene miedo de hablar abiertamente de sus planes de desertar y suplica que no se use su nombre. “Estoy desesperada por salir de aquí”.

Es una médico cubana, el arma ideológica más efectiva y más ampliamente desplegada en los casi 50 años desde que Fidel Castro tomó el poder en la isla. Y en años recientes el rubro de exportación más lucrativo para la economía del país.

Aunque miles de médicos han desertado a través de los años, y otros, como la de la blusa roja, planean hacer lo mismo, quedan más de 72,000 en la isla y diseminados por todo el mundo, y muchos más estudian esa carrera.

Cuba produce médicos como ninguna otra nación del mundo; en el 2005 alardeaba de tener un médico por cada 159 personas, según cálculos oficiales. En comparación, en el 2000, Estados Unidos tenía alrededor de un médico por cada 414 ciudadanos, según las cifras más recientes en la página electrónica de la Organización Mundial de Salud (OMS).

Pero la proporción de médico por habitante ha aumentado sustancialmente en la isla debido a los que se han enviado en misiones internacionales, tarea muy codiciada por profesionales que ganan un promedio de $25 al mes en su país.

El riesgo de deserción es cada vez mayor: desde el 2006 Estados Unidos ha brindado a los médicos cubanos facilidades sin precedentes, ofreciéndoles visas en los consulados de los países donde desertan. Y Cuba aparentemente confía cada vez más en la medicina para generar ingresos.

July M. Silverstein, académica y escritora especializada en Latinoamérica, autora de Healing the Masses: Cuban Health Politics at Home and Abroad, mantiene que Cuba es el único país que “ha desarrollado médicos como artículo de exportación”.

“Castro lo consideró como un político”, dice Silverstein. ‘‘Raúl es mucho más pragmático, lo ve como un administrador con una industria enorme, y se pregunta que debe hacer, cómo usarlo?”

En los últimos cuatro meses, Cuba ha inaugurado el primero de siete centros de oftalmología que planea abrir en Argelia con personal cubano solamente; inauguró el segundo de por lo menos tres centros del mismo tipo planeados en China y se ha comprometido a equipar con médicos cubanos un hospital en Qatar, reportó el periódico español La Vanguardia.

En julio, Bohemia, la revista nacional de Cuba, reportó en su página de internet que el país ganó el año pasado unos $350 millones con la venta de medicinas en el extranjero, segundo rubro, sólo por detrás del níquel y más que exportaciones tradicionales tales como el tabaco, el ron y el azúcar.

Según Silverstein, más de 31,000 cubanos que trabajan en el sector de servicios de salud en 71 países, médicos en su mayoría, le reportaron a Cuba $2,300 millones el año pasado, más que cualquier otro sector, incluido el turismo.

Añade que a la mayoría se le paga entre $150 y $375 mensuales, una fracción del efectivo o los beneficios comerciales que el gobierno cubano recibe por su labor.

La mayor misión médica está en Venezuela, donde desde el 2002 han trabajado 22,000 y 30,000 profesionales de la salud a cambio de petróleo barato y otros beneficios comerciales. Su presencia aquí es irritante para los que ven al presidente Hugo Chávez como un clon de Fidel Castro, pero un alivio para los venezolanos para quienes esos médicos son el único modo de recibir atención médica gratis en sus barrios.

“No sé qué haría si no fuera por los cubanos”, dice Sosnelly Zárraga, vendedora de cosméticos de 23 años que esperaba frente a un centro diagnóstico para hacerse un análisis de sangre gratis en Petare, una de las zonas más pobres y más agobiadas por la violencia en Caracas. “Por este mismo servicio tendría que pagar el sueldo de una semana”.

Eso es precisamente lo que irrita a Milso Alcalay, un ex embajador de Venezuela en Estados Unidos y enfático detractor de Chávez y de la presencia cubana en su país. El “regalo” de la ayuda cubana a los venezolanos, afirma Alcalay, sólo se puede comparar con un caballo de Troya.

“Detrás de la fachada de ayuda humanitaria viene la ideología”, dice Alcalay. “El hecho que estén aquí es en sí político. Esos médicos se han convertido en los nuevos soldados cubanos, como los que fueron a Angola hace 30 años, pero las balas ya no funcionan. Si los cubanos nos enviaran soldados, los venezolanos se resentirían. Pero ¿quién va a rechazar a un médico?”

Desde 1960, cuando el primer grupo de médicos cubanos fue enviado a Chile después que un fuerte terremoto sacudió el país, unos 1,000 cubanos han sido enviados en misiones de emergencia a 20 países, entre ellos los 36 que viajaron recientemente a China después del sismo que devastó la provincia de Sechuan.

Además, 113,585 profesionales de salud –médicos, enfermeras y técnicos– han sido enviados a 103 países en misiones que van desde unos pocos meses hasta años, en países tan cercanos como Haití y tan lejanos como Kiribati, una nación de 280 millas cuadradas en el Pacífico. Cuba incluso se ofreció a enviar médicos a Estados Unidos en el 2005 cuando el paso del ciclón Katrina. El Departamento de Estados declinó la oferta, alegando que un número suficiente de médicos estadounidenses se había ofrecido.

Armados sólo con sus batas blancas y su capacitación política, esos médicos han sido el arma más efectiva de Fidel castro, incluso más que las balas, para sembrar las ideas de la revolución en todos los rincones del mundo y para fomentar la buena voluntad entre gente demasiado pobre para cuestionarse cómo una pequeña isla del Caribe les envía médicos para curar sus dolencias, y también demasiado agradecida para olvidarse de la nacionalidad.

Uno de ellos es Sahlu Merine, que tenía 12 años cuando conoció a médicos cubanos en el hospital más grande de Addis Abeba, capital de Etiopía. Aunque dice que no necesitaba que lo atendieran, sólo tiene buenos recuerdos tanto de los médicos como del gobierno que los envió.

“Opté por no olvidar a los que nos ayudaron”, dice Merine, administrador de una escuela privada de Nueva York. “La atención médica es el derecho humano más importante. Y cuando los necesitábamos, allí estuvieron los cubanos. Eso influye en la manera en que veo a los cubanos, a su gobierno y a su país”.

El despliegue estratégico de médicos en lugares en condiciones tan difíciles ha acarreado mucha buena voluntad y muchos elogios a Cuba. Como expresa Silverstein en el libro, esa buena voluntad ha contribuido a que se elijan a representantes de la isla a organizaciones internacionales desde fines de los años 70, como el Movimiento de Países No Alineados y el Consejo de Seguridad de Naciones UNidas (ONU).

Este mes el jurista cubano Miguel Alfonso fue elegido para presidir el Comité Asesor de Derechos Humanos de la ONU.

El poeta y ex preso político cubano Armando Valladares, que encabezó la delegación de Estados Unidos ante la Comisión de Derechos Humanos de la ONU a fines de los años 80, dice que recuerda varios casos en que miembros de delegaciones africanas y latinoamericanas le dijeron que no podían votar por las propuestas de enviar investigadores de derechos humanos a la isla porque temían perder la ayuda que La Habana daba a sus países o porque se sentían en deuda con el gobierno cubano.

“Si uno se pone en sus zapatos, se percata de que tienen razón”, dice Valladares. “Sin duda, la cuestión de la salud ha sido uno de los medios de propaganda más efectivos del gobierno cubano. Los médicos [cubanos] van a lugares en que otros se niegan a trabajar, villas y poblados aislados y empobrecidos”.

Los médicos cubanos en Venezuela están conscientes de la dicotomía de su papel. Por una parte, prestan servicios a los pobres en esta nación rica que ha mantenido la economía cubana a flote. Por otra, también están sirviendo sus propios intereses, que frecuentemente son contrarios a las ideas del régimen que los educó como médicos y trató de moldearlos como revolucionarios.

Por ejemplo, la doctora de la blusa roja dice que disfruta de la oportunidad de atender a los pobres aquí y que no podría imaginarse cobrarle a un ser humano que no pueda costear la atención médica. Al mismo tiempo, y sin hacer una pausa para contemplar las contradicciones, sueña con ser médico en Estados Unidos, donde, según sabe bien, hay muchas personas sin seguro médico y la atención a la salud está en un crisis tal que con frecuencia se cita como uno de los temas clave de la campaña presidencial.

Julio César Lubián, un médico de 46 años que ya no teme hablar con la prensa porque desertó hace 14 meses, comparte ese sueño: vivir y trabajar en Estados Unidos.

“Cualquiera que le diga que vinieron aquí por ideología miente”, dice Lubián, sentado en una café a dos horas de camino de Caracas. “Todo el mundo está aquí para enviar dinero a Cuba, para ganar dólares o para buscar la manera de irse”.

Es casi imposible hablar con médicos que trabajan en lo que el gobierno de Chávez llama la Misión Barrio Adentro, que cumple su quinto aniversario el próximo mes. Entre otras cosas, se les prohíbe hablar con la prensa. Los funcionarios cubanos en Caracas no respondieron a las solicitudes del Herald para una entrevista.

El Herald consiguió un ejemplar de las normas que los médicos cubanos que trabajan en Venezuela deben cumplir y que indica que se les considera soldados y como tales deben comportarse.

Muchos trabajan en el mismo lugar donde viven, atendiendo a pacientes en la planta baja y durmiendo en un segundo piso. Se espera que notifiquen a sus supervisores si alguien “ofende a la Patria o sus símbolos” en su presencia y se les prohíbe que duerman fuera donde viven.

Aunque las reglas también dicen que no deben expresar “opiniones sobre asuntos políticos” venezolanos, el componente ideológico de su misión es imposible de evadir. En casi todos, si no todos los edificios octagonales que albergan las clínicas cubanas aquí, se ven afiches del Che Guevara, de Fidel Castro y de Hugo Chávez.

En los grandes centros de diagnóstico y rehabilitación cuelgan de las paredes imágenes intrincadas pero toscas, como un Fidel Castro joven y armado, y algunos comparan su Movimiento 26 de Julio y el ataque al Cuartel Moncada en 1953 con la guerra que Chávez le ha declarado a la pobreza, las enfermedades y el abandono. La atención a la salud se representa como otra guerra y otra victoria sobre Estados Unidos.

Frank Cabrera, un médico de 30 años que poco antes de desertar hace dos años era uno de los jefes de la misión en el estado de Zulia, dice que los dirigentes del Partido Comunista de Cuba que supervisan la brigada en Venezuela le pidieron a él y a otros médicos que consiguieran por lo menos 20 votos a favor de Chávez en las elecciones del 2004. Dice que no lo hizo, pero de todas manera no le hacía falta hacerlo.

“Es así de simple: uno empieza a distribuir vitaminas entre la población en un momento crucial de las elecciones”, dice Cabrera, que ahora vive en Miami. “La gente sabe quién envía las vitaminas, de dónde vienen y quién las paga, de modo que deciden rápidamente por quién van a votar si consideran importantes las vitaminas. Y para la mayoría lo son.

La victoria de Chávez ese año, dice Cabrera, puede atribuirse en parte a la presencia cubana en Venezuela.

Pero para algunos venezolanos partidarios de Chávez, la participación cubana no va lo suficientemente lejos.

Rubén Martínez, un trabajador social a cargo de la Misión Barrio Adentro en el municipio El Libertador en Caracas, dice que muchos médicos se han ido en otras misiones a Pakistán o Bolivia, o a trabajar en grandes centros médicos en otras regiones de la propia Venezuela, de modo que de los médicos inicialmente asignados a Caracas hace cinco años solamente quedan 400.

Y ésos, dice, no practican el tipo de adoctrinamiento político que el país necesita.

“Esta es una sociedad burguesa, una sociedad de consumo”, dice Martínez. “Podríamos aprender mucho de los cubanos si estuvieran dispuestos a enseñarnos, pero ya están demasiado ocupados”.

Un día normal para un médico cubano de Barrio Adentro empieza temprano en la mañana. Algunos tienen que caminar varios kilómetros bajo el sol y subir y bajar colinas para visitar pacientes que no pueden salir de casa o que han perdido a su médico local que se ha ido a otra misión. Comen lo que pueden cocinar de las raciones que les da el gobierno: arroz, aceite, frijoles, harina, azúcar, leche en polvo, sardinas, pollo, mantequilla, mayonesa, café y carne enlatada.

No pueden aceptar carne ni ir al cine, a bares o discotecas. Para tener amistades ajenas a su trabajo tienen que pedir autorización a los supervisores. Tienen que asistir a reuniones políticas en que se discuten asuntos mundiales y noticias de Cuba. No pueden conducir vehículos, visitar otros estados del país, ni tener opiniones contrarias a las del gobierno o su sistema de atención de la salud. Deben regresar a su residencia para las 7 p.m., se les indica, por razones de seguridad.

Varios médicos han muerto en Venezuela víctimas de delitos. Las cifras son difíciles de precisar. Martínez dice que conoce de cuatro casos de asesinato, pero algunos dicen que la cifra es mucho mayor, tal vez 14.

La doctora de la blusa roja termina de almorzar y después de una conversación de dos horas, pide que la lleven en auto a su casa. Sus compañeras de residencia podrían notar su ausencia y no quiere provocar sospechas. Dice que está tan bien vista por sus colegas que ahora es supervisora. Con frecuencia asiste a reuniones en las que no habla y trata de no poner los ojos en blanco como reacción a la retórica.

“Si supieran lo que estoy pensando”, dice. Su idea más obsesiva es cómo escapar. Dice que necesita $2,000 para un boleto de avión y un lugar donde quedarse después de desertar antes de conseguir la visa estadounidense.

Rechaza con cortesía la oferta de postre o café. Está muy nerviosa y no puede comer más. Llévenme a casa, suplica, y especifica que la dejen en la esquina, lejos de la vista de sus vecinos y colegas.

“Es peor que en Cuba”, dice en voz baja al bajarse del carro.


(*) Por Mirta Ojito.

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La otra cara de los médicos cubanos en el exterior. (*)

Es cierto. Su labor es encomiable. En los 49 años que Cuba lleva enviando personal de salud a naciones de África, Asia y América Latina, cientos de miles de seres humanos han sido curados o sus vidas salvadas. Enhorabuena.

Pero debido a las penurias y carencias que desde hace medio siglo azotan a la isla, el personal sanitario ha aprovechado esas 'misiones internacionalistas' para reunir dinero y comprar enseres en beneficio suyo y de sus familias. Derecho tienen.

Después de tomar café, el doctor Elías volvió de nuevo a sacar cuentas. La noche anterior, antes de volar a Caracas, luego de hacer el amor con su esposa, en su calculadora china verificó que en su tercer viaje a Venezuela, como parte del trueque de médicos por petróleo que el gobierno cubano ha diseñado para mantener funcionando la raquítica economía local, podría terminar de reparar su casa.

Elías es uno de los 37 mil médicos, enfermeras y técnicos que actualmente prestan “ayudas solidarias y desinteresadas” en más de 70 países. Aunque ya no es tan solidaria y desinteresada. Raúl Castro sacó de su alforja el ábaco y comprobó que es ventajoso intercambiar doctores por cosas de valor, sea petróleo o dólares contantes y sonantes.

Ya quedó atrás la época de dar lo que no sobra sin recibir nada a cambio. Para calmar la conciencia de los marxistas tropicales, siempre quedarán países como Haití o alguna república perdida de África, donde los gastos corren a cuenta de la casa.

Pero si por pura necesidad -recuerden que la ideología no se come-, el gobierno con la ayuda de médicos y especialistas ha creado su chiringuito estatal en cualquier latitud de la geografía tercermundista, qué decir de los protagonistas.

Desde siempre, médicos y especialistas se han afilado los dientes a la hora de prestar servicios lejos de su patria, sea en Johannesburgo o Puerto Cabello. Antes, cuando tener dólares era un delito, venían cargados con camisetas y jeans, comprados por cantidades en mercadillos.

La pacotilla vendida en el mercado negro reportaba unos cuantos miles de pesos que ayudaban a reformar la casa, pagar el auto ruso otorgado por el régimen o celebrarle los quince a la hija.

Un viejo zorro como Elías, cansado de viajar por medio mundo a nombre del ‘internacionalismo proletario’, mejor que nadie sabe lo que reportan los viajes al extranjero. “A Haití se va para ganar puntos. Tras seis meses en Puerto Príncipe, entre enfermedades y miserias, uno puede palabrear con el jefe un destino más soportable, donde se pueda ‘jinetear’ dinero y pacotilla de la buena”.

Para los médicos cubanos, Sudáfrica es lo máximo. “Pagan bien y si tienes buenos contactos puedes hacer mucho dinero practicando abortos”, señala Ramiro, galeno jubilado que gracias a sus tres años en Ciudad del Cabo pudo comprar un auto y con un dinero extra, permutar su incómodo apartamento por una casa de cuatro habitaciones y un garaje. Vaya, cambió un cerdo por una vaca.

Ciertas ventas de textiles en tenderetes y bazares por cuenta propia en La Habana, son gracias a los médicos cubanos que cumplen servicio en Venezuela, Bolivia o Ecuador.

“Me he vuelto un lince. Antes de partir hacia el país a donde me han asignado, por internet veo los precios de ropa, calzado, teléfonos móviles, reproductores de filmes, ordenadores y televisores de plasma. Calculo los gastos y los beneficios que me reportarían. Corro la voz entre familiares y amigos y me voy ya con una lista de artículos de valor que a mi regreso tendrán una venta segura”, cuenta Mariano, quien varias veces ha prestado ayuda médica en países sudamericanos.

Hace cinco años, el doctor Elías pudo haber hecho el negocio de su vida. “Me seleccionaron para integrar la brigada Henry Reeve, organizada por Fidel Castro con la intención de prestar socorro a los damnificados del huracán Katrina en Nueva Orleans. Imagínate qué cantidad de cosas hubiera podido traer si se hubiese realizado ese viaje a Estados Unidos”.

Con antelación a su partida, los médicos y especialistas compran dólares en el mercado negro. Es el caso del doctor Elías, quien acaba de comprar 2 mil dólares. “Por cada peso convertible me dieron 0.93 centavos de dólar (el cambio oficial en ese momento era de 0.87). En Caracas los cambio por la zurda y gano miles de bolívares. Los fines de semana los dedico a rastrear tiendas y pulgueros, en busca de ropa, zapatos y electrodomésticos baratos. Lo bueno de trabajar en barrios marginales de Venezuela es que puedes comprar mercadería robada o traída ilegalmente de Colombia o Brasil a precios muy bajos”.

Lo malo es la familia y la violencia. “La violencia en Caracas se puede evitar no saliendo de noche. Y la familia, sí, está lejos, pero la tengo presente todos los días. Al fin y el cabo, este ‘trapicheo’ lo hago para que los míos vivan mejor". 




(*) Por Iván García.

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