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jueves, 9 de febrero de 2012

Terrorismo de Estado en Cuba - PRUEBAS 2

Casualmente, aquellas personas que por costumbre suelen dedicarse a defender lo indefendible, argumentan que Cuba es algo así como un paraíso terrenal, una especie de isla donde pareciese que lo ideal se materializa bajo el lema de "Socialismo, Patria o Muerte". Todos hemos escuchado, o en su defecto leído, algunas respuestas así como que: en Cuba todos apoyan al régimen, que nadie necesita nada porque el Estado todo se los dá, que la Educación, que la Salud, etc., etc., etc., y toda una serie de argumentos vacíos de sustento y validez, cuando se los pone en la balanza con la ausencia de "libertad".

Aunque todo ésto fuera cierto, suponiendo de que somos muy ingenuos y creemos en todos los ideales socialistas (aunque basta observar, que después de 50 largos años de promesas, la teoría es imposible de ponerla en práctica), -y acá no faltará el "siempre Revolucionario" que venga y me diga: "gusano, Imperialista, agente de la CIA y de los EEUU, y blablabla"- cuánto de esto puede ser verdad, cuando ni siquiera los mínimos derechos del ciudadano son permitidos de ponerse en práctica, y éstos son reprimidos por el aparato represor de la dictadura castrista.

Ya decía Fidel Castro en varias oportunidades: "En Cuba respetamos los DDHH de todos los ciudadanos, en nuestro país todo el mundo tiene derecho a expresarse y a reclamar por aquello que cree justo". Ahora veamos, si éstos dichos del ex-dictador, el COMAandante Fidel son tan ciertos como la prensa oficial se encarga de esparcir por el mundo.

En la siguiente filmación, puede observarse como una "pequeña e incipiente" manifestación es automáticamente reprimida por el aparato oficial, y no sólo ésto... observe que tan bien están organizados los agentes del gobierno, que mientras unos dispersan y capturan a los pocos manifestantes, otros con "modernos sistemas" (típico de los avances tecnológicos del comunismo) intentan evitar que la cámara tome esas imágenes.

El objetivo es simple, frenar cualquier indicio de manifestación y evitar que ésto contagie al resto de los ciudadanos que muy hartos están del sistema, y por sobre todo, evitar que éstas imágenes se filtren en la prensa internacional, ya que la local no importa, porque  poco eco se hace de lo sucedido.


Las conclusiones las puede sacar usted mismo...



    

jueves, 19 de enero de 2012

Cubanos en Chile contra “La Lógica del Miedo”

Cuba Independiente y Democrática (CID) es una agrupación que el General cubano Hubert Matos, tras 20 años de prisión, crea en Caracas el 21 de octubres de 1980. CIC tiene un proyecto para el cambio en Cuba, denominado La Nueva República. Es una organización que, aunque tiene su Secretaría General en Miami, cuenta con varias células dentro de la isla.

Recientemente, un grupo de cubanos residentes en Chile han anunciado la creación de la Delegación de Cuba Independiente y Democrática, en Santiago. A propósito conversamos con el abogado cubano-chileno Mijail Bonito quién, además de impulsor de esta iniciativa, ha sido nombrado hace algunos meses como encargado de la Secretaria de Relaciones Internacionales del CID para América Latina.

“La de Santiago es la segunda en América Latina. Ya estamos gestionando una en Ecuador, que pronto estará a punto y allá iremos a la fundación y estamos conversando con gente en México decidida a dar este paso. Cada delegación queda conectada con una dentro de Cuba” – nos comenta Bonito quien responde a todas nuestras interrogantes.

Sabemos que Cuba Independiente y Democrática tiene largos años de vida encabezada por cubanos en el exilio. ¿Será la Delegación en Santiago un apéndice del CID o algo los diferenciará?

Los principios fundamentales del CID desde su creación han sido Independencia Nacional, Democracia Política, Democracia Económica, Justicia Social e Integración Latinoamericana.

La Delegación en Santiago persigue, por tanto, objetivos muy claros. Se ha constituido para luchar por el establecimiento en nuestra patria de una sociedad consagrada a la libertad y la dignidad humana, totalmente democrática y soberana, socialmente equilibrada y justa y el derecho inalienable de Cuba a conquistar para siempre su soberanía e independencia.

Nuestro objetivo inmediato hacia la consecución de ese ideal es acelerar el derrumbe de la autocracia totalitaria implantada en Cuba, desprestigiada y en quiebra, como consecuencia de su incapacidad, su entreguismo y sus crímenes.

Por supuesto como Partido Político tiene que generar una opción y seguir una organización. La delegación en cualquier lugar funcionará de acuerdo a esto pero vinculada directamente con los equipos dentro de la Isla.

¿De qué se trata esta Delegación y cuáles van a ser sus objetivos y funciones?

Los objetivos principales de mi actuación son: Llevar adelante las relaciones con Partidos Políticos y gobiernos de la región, crear conciencia sobre la situación cubana y recabar apoyos necesarios para llevar adelante las actividades dentro de Cuba.

Esto incluye, reunir grupos de cubanos que estén dispuestos a trabajar seriamente con los militantes dentro de Cuba, prestando soluciones de todo tipo, incluida la simple solidaridad. Esas son las delegaciones. Cada Delegación en el exterior se vincula con una dentro de Cuba y la apoya logística, espiritual, intelectual y financieramente según la capacidad que posean.

¿Quiénes integrarán la Delegación del CID en Santiago de Chile?

Muchos de los actuales miembros de “Cubanos por la Democracia”, un grupo que surgió a raíz de una manifestación ante la Embajada castrista en Santiago. Al igual que en Buenos Aires, delegación que se fundó durante mi visita el mes pasado, la Delegación en Santiago contará, además de los cubanos, con un buen número de nacionales del país que hacen aportes voluntarios tanto de ideas como de dinero para nuestras delegaciones en Cuba.

CID fue creado por cubanos que protagonizaron la creación misma de la revolución cubana. La mayoría de los cubanos en Chile, sin embargo, pertenecen a generaciones que no estuvieron involucradas en la lucha de poder inicial. ¿Por qué crear una Delegación de una entidad antigua cuya metodología para devolverle la democracia a Cuba ha sido cuestionada por varios?

No es una metodología antigua. Para conseguir realmente un cambio democrático en Cuba hay que crear una base opositora que tenga contenido y que se proyecte como alternativa real. Tiene que haber un ánimo de exponer un plan de organización social, que va desde el tema económico hasta los temas de salud y otros. Un plan que genere en la gente la percepción de que hay capacidad para que Cuba sea un gran país. Ese plan, que se convierte en alternativa de lo actualmente existente es algo que el CID está trasladando.

No tiene nada de antigüedad. Son los mismos principios de justicia social y democracia que se pretenden de siempre, llevados adelante con un plan de trabajo que ha logrado aunar más de 35 delegaciones dentro de Cuba, que trabajan cada día con las masas en muchos sectores y lugares del país. Eso es lo que llama la atención del CID.

De hecho el CID pasó de ser un movimiento a convertirse en Partido Político porque los miembros dentro de Cuba así lo declararon. Todo se dirige desde allá, nosotros apoyamos, asesoramos, ayudamos logística y financieramente, pero los que hace el trabajo son los que dirigen desde dentro de la Isla.

El trabajo actualizado se traduce en no buscar participación mediática, se dirige a generar uniones y a convencer a los vecinos, al ciudadano de a pie, que hoy es más propenso que nunca a abrirse a una nueva alternativa.

Hace algunos meses Huber Matos, creador del CID, estuvo en Santiago. ¿Tuvo algo que ver su visita con la planificación de este apéndice o la idea salió entonces?

Por supuesto. Pero la visita tenía como objetivo propiciar el interés de Chile como país en el tema cubano, destacar las violaciones a los DDHH y no dejar que el tema se agotara. Eso se logro. Además se obtuvieron vínculos importantes con muchas autoridades y voces importantes de la política y el mundo académico chileno y comprendieron nuestros puntos de vista.

De ahí también surgió una cena con más de 70 cubanos en un restaurante santiaguino. Muchos que nunca habían participado de “Cubanos por la Democracia” fueron a escuchar a Huber. Un tiempo después cuando asumí la Secretaria pensé que era un paso natural crear equipo en Chile, pues hay mucha gente comprometida de antemano y ahora esa gente comprende que hay además un plan de trabajo real.

Cuando Hubert Matos estuvo en Chile varias actividades fueron boicoteadas por chilenos que militan en instituciones de solidaridad al amparo de la Embajada Cubana, ¿cuál reacción pronosticas para entonces?

La reacción de esos grupos será la misma cuando se funde la Delegación en Chile. Son grupos al amparo de la Embajada y siempre intentarán opacarnos con muestras violentas e intolerantes. Pero siempre hemos hecho las cosas con ellos o sin ellos, así es que nos tiene sin cuidado. Lo inusual es que no hay ni un solo cubano residente que se haya presentado con ellos alguna vez y si lo hubiera sería muy patético que se subieran a actos de repudio en Chile. Eso es una importación que le hizo la Embajada Cubana a los chilenos y es una muestra de intolerancia, pero es un problema de ellos, no nuestro.

Y tendrán peores reacciones cuando en la prensa salgan los avances en materia de relaciones internacionales que hemos logrado, dentro y fuera de Chile.

No contamos con su presencia, pero si llegan, pues que lleguen.

¿Cómo crees que recibirán los cubanos residentes en Chile la creación de esta Delegación?

A los que conocemos, lo han tomado con mucho ánimo pero una buena parte continuará indiferente. La gente tiene mucho en que pensar y nosotros mucho que hacer para atraer sus esfuerzos. Ese es un desafío mayor.

¿Cómo evalúas la participación política de los cubanos exiliados o emigrados en Chile? ¿Por qué crees que es así?

Es muy baja. Hay dos razones fundamentales. Hace un tiempo publiqué un artículo que se llamaba La Lógica del Miedo. Esa es una razón. Hay otra que te mencione antes, la falta de alternativa. Para conducir hay que ser alternativa y para ser alternativa hay que tener inspiración, ideas y soluciones que se puedan aplicar para que la esperanza llegué de vuelta a los cubanos y sean capaces de tomar riesgos pues el futuro sí existe. Eso falta.

Hoy la respuesta es una mezcla de miedo reforzado por cuestionar qué se hará después o quién lo hará. Es una mezcla fomentada y cimentada por décadas de no poder oponerse. Pero convertirse en alternativa fomentará que muchos venzan el miedo y, en consecuencia, se sumen.

Está comenzando el 2012 y se han pronosticado grandes cambios en el mundo. ¿Crees que éste será el año en el que se produzcan los cambios más radicales en la Cuba de las últimas cinco décadas?

Habrá cambios, sin dudas, pero no desde el gobierno. El gobierno ha quitado todo impulso a los cambios y no ha dejado dudas de que se impone la misma ley marcial que siempre. Hay un mensaje firme en el análisis discursivo de Raúl Castro, la lógica de plaza sitiada impide cambiar.

Los cambios vendrán con la unión de la oposición que sale mucho más a las calles en la actualidad y con la entrada de un proyecto que sea factible de convertirse en la guía. Decir más allá es como adivinar y eso no es efectivo, pues genera expectativas que pueden no darse en tan poco tiempo. Pero si se están dando cambios, que salen de la oposición y hay una Sociedad Civil creciente y fuerte. Eso traerá cambios más profundos.

Mijail bonito detalla la realidad del boicot sufrido en algunas actividades de Hubert Matos en Chile

Fueron dos sitios el mismo día. En la sede del Partido Demócrata Cristiano llegó un militante, solo uno, que es miembro de un grupo de solidaridad con el gobierno cubano e increpó a Huber Matos. Luego se quedó flotando solo hasta que se fue. Huber Matos se reunía con el Presidente de la Juventud del Partido y luego con el Senador I. Walker, Presidente del PDC, quienes incluso ofrecieron sus disculpas y manifestaron que la posición del partido era combatir a cualquier dictadura sin importar su signo político. Yo era parte de esa reunión.

La segunda, fue minutos después en la Universidad de Chile. En un salón pequeño Huber Matos daría una charla a estudiantes. Cuando llegamos reconocí a varios de los que participaron en los actos de repudio que nos hicieron en la Embajada de Cuba y en el busto a José Martí acá en Santiago. Incluso alguien que me había atacado físicamente. Ninguno estudiante. Cuando pregunté a los que nos invitaron esa fue la respuesta. Le expliqué a Huber Matos y el quiso quedarse a dar la charla, pero ellos empezaron a gritar antes que lo presentaran. Los estudiantes que habían acudido les hicieron frente y por seguridad yo tomé la decisión de retirar a Huber Matos de ahí. Le dije que su seguridad era mi responsabilidad y que no podía arriesgarlo. Huber no estaba muy contento, pero salió. La charla se hizo media hora más tarde con todos los estudiantes que estaban allí en un lugar cercano. Se incluyeron profesores de la Universidad. Tuvo tanto éxito que tuvimos que agendar al otro día a las 11 y media de la mañana y hacer una segunda parte. Si ves el video que publicaron los mismos que fueron a boicotear, podrás ver como muchos estudiantes les hicieron frente.



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@CubaLadoB  te invita a leer la CARTA ABIERTA a los hermanos Castro,  ayudanos a difundirla. Muchas gracias. 

La emigración, el gran negocio del gobierno cubano. (*)

cien_pesosEs un verdadero atraco. Cada vez que un cubano residente en el extranjero decide visitar su patria, debe pagar un grosero “impuesto revolucionario” al gobierno de los hermanos Castro.

Saquemos la calculadora. En 2012 casi 400 mil emigrados cubanos visitaron la isla. Antes de empaquetar los televisores de plasma, ordenadores, videojuegos y móviles de última generación para sus parientes del verde caimán, en los Consulados de los Castro en el exterior, cada uno tuvo que pagar al contado 240 dólares por una carta de invitación y 80 dólares por un mes de estancia en la tierra que los vio nacer.

La nostalgia y el deseo de conocer a los nietos, o simplemente tomar ron de caña sin camisa en el portal de la casa de su madre junto a viejos amigos, tiene un precio para quienes decidieron emigrar definitivamente.

Nadie puede entender que un cubano sea extranjero en su patria. Incluso existe una aberración jurídica mayúscula en la Constitución de la República: no se acepta la doble ciudanía. Sin embargo, a la hora de visitar su país, los emigrados deben hacerlo con un pasaporte cubano. Los absurdos legales hacia los inmigrantes no se detienen ahí. Si tienen la mala suerte de ser detenidos y enviados a alguna de las duras cárceles, deben pagar la asesoría jurídica en moneda dura. Se encuentran en tierra de nadie.

Para los cubanos de la isla que deciden marcharse, las tarifas abusivas y los costos desmesurados son de apaga y vámonos. Repasemos los gastos. 55 pesos convertibles (cuc) por el pasaporte. 400 cuc por un rápido y primario chequeo médico. 200 por validar un título profesional. 150 por el permiso de salida. Aparte de esos 805 cuc o “chavitos” -cantidad equivalente al salario de tres años de un ingeniero-, el gobierno se engrosa otra buena mesada por la prestación de servicios aeroportuarios y una comisión por el billete aéreo.

La industria para ordeñar a los inmigrantes y posibles emigrados, no termina ahí. Si se opta por la variante de una carta de invitación por 3 meses o un permiso de trabajo en el exterior, también está obligado a pasar por la caja contadora.

Hagamos números. A falta de datos gubernamentales acerca de la cantidad de cubanos que por ese concepto viajan al extranjero, supongamos que 100 mil cubanos cada año salen temporalmente de la isla. Si lo multiplicamos por 805, veremos que el régimen se embolsa más de 80 millones de pesos convertibles sólo por esas salidas.

Al gran negocio que para los mandarines criollos resulta la inmigración, súmele los mil millones procedentes de las remesas familiares, y los cientos o miles de millones que obtienen por concepto de agencias de viajes y paqueterías radicadas en la Florida.

Para coronar la guinda del pastel, al suculento “bisne” agregue los cientos de millones que se gastan los emigrados cubanos en las ‘shoppings’, comprando alimentos, pacotillas y artículos electrodomésticos a sus parientes.

Es precisamente la industria montada en torno a la emigración uno de los pocos negocios rentables de los hermanos Castro. Ahora, con la presunta reforma migratoria está por ver si se abaratarán los gastos para los que deciden marcharse o viajar temporalmente al extranjero. O se derogarán las absurdas regulaciones y en cambio se elevarían los costos.

Ya se sabe que por “elementales medidas de seguridad”, a la bloguera Yoani Sánchez no la dejan salir. Y los periodistas Carlos Alberto Montaner y Raúl Rivero deberán seguir esperando que Dios se los lleve en tierras extrañas.

Mientras eso persista, ninguna reforma migratoria será completa. No se pueden aplaudir concesiones vergonzosas que son derechos elementales.

Cuba es de todos los cubanos. No de una casta verde olivo.


(*) Por Iván García.

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domingo, 8 de enero de 2012

Médicos cubanos, negocio lucrativo y arma ideológica. (*)

Dijo que iría vestida con falda corta de mezclilla y blusa roja, que iría sola y estaría cerca de la cafetería del segundo piso de un supermercado grande donde sus colegas, médicos cubanos como ella, probablemente no estarían. Ninguno de ellos tiene los $3 que cuesta un plato de arroz, un pedazo de carne y ensalada de papas (el menú del día), acompañado con un jugo de mango en envase de cartón.

El encuentro se fijó para las 2 p.m., y entra precisamente a esa hora, casi sin mirar las repisas llenas de productos que está loca por probar pero no puede. Está guardando dinero para escapar a Estados Unidos.

“Para mí esto simplemente es una vía de salida”, dice la mujer, una internista de 30 años que tiene miedo de hablar abiertamente de sus planes de desertar y suplica que no se use su nombre. “Estoy desesperada por salir de aquí”.

Es una médico cubana, el arma ideológica más efectiva y más ampliamente desplegada en los casi 50 años desde que Fidel Castro tomó el poder en la isla. Y en años recientes el rubro de exportación más lucrativo para la economía del país.

Aunque miles de médicos han desertado a través de los años, y otros, como la de la blusa roja, planean hacer lo mismo, quedan más de 72,000 en la isla y diseminados por todo el mundo, y muchos más estudian esa carrera.

Cuba produce médicos como ninguna otra nación del mundo; en el 2005 alardeaba de tener un médico por cada 159 personas, según cálculos oficiales. En comparación, en el 2000, Estados Unidos tenía alrededor de un médico por cada 414 ciudadanos, según las cifras más recientes en la página electrónica de la Organización Mundial de Salud (OMS).

Pero la proporción de médico por habitante ha aumentado sustancialmente en la isla debido a los que se han enviado en misiones internacionales, tarea muy codiciada por profesionales que ganan un promedio de $25 al mes en su país.

El riesgo de deserción es cada vez mayor: desde el 2006 Estados Unidos ha brindado a los médicos cubanos facilidades sin precedentes, ofreciéndoles visas en los consulados de los países donde desertan. Y Cuba aparentemente confía cada vez más en la medicina para generar ingresos.

July M. Silverstein, académica y escritora especializada en Latinoamérica, autora de Healing the Masses: Cuban Health Politics at Home and Abroad, mantiene que Cuba es el único país que “ha desarrollado médicos como artículo de exportación”.

“Castro lo consideró como un político”, dice Silverstein. ‘‘Raúl es mucho más pragmático, lo ve como un administrador con una industria enorme, y se pregunta que debe hacer, cómo usarlo?”

En los últimos cuatro meses, Cuba ha inaugurado el primero de siete centros de oftalmología que planea abrir en Argelia con personal cubano solamente; inauguró el segundo de por lo menos tres centros del mismo tipo planeados en China y se ha comprometido a equipar con médicos cubanos un hospital en Qatar, reportó el periódico español La Vanguardia.

En julio, Bohemia, la revista nacional de Cuba, reportó en su página de internet que el país ganó el año pasado unos $350 millones con la venta de medicinas en el extranjero, segundo rubro, sólo por detrás del níquel y más que exportaciones tradicionales tales como el tabaco, el ron y el azúcar.

Según Silverstein, más de 31,000 cubanos que trabajan en el sector de servicios de salud en 71 países, médicos en su mayoría, le reportaron a Cuba $2,300 millones el año pasado, más que cualquier otro sector, incluido el turismo.

Añade que a la mayoría se le paga entre $150 y $375 mensuales, una fracción del efectivo o los beneficios comerciales que el gobierno cubano recibe por su labor.

La mayor misión médica está en Venezuela, donde desde el 2002 han trabajado 22,000 y 30,000 profesionales de la salud a cambio de petróleo barato y otros beneficios comerciales. Su presencia aquí es irritante para los que ven al presidente Hugo Chávez como un clon de Fidel Castro, pero un alivio para los venezolanos para quienes esos médicos son el único modo de recibir atención médica gratis en sus barrios.

“No sé qué haría si no fuera por los cubanos”, dice Sosnelly Zárraga, vendedora de cosméticos de 23 años que esperaba frente a un centro diagnóstico para hacerse un análisis de sangre gratis en Petare, una de las zonas más pobres y más agobiadas por la violencia en Caracas. “Por este mismo servicio tendría que pagar el sueldo de una semana”.

Eso es precisamente lo que irrita a Milso Alcalay, un ex embajador de Venezuela en Estados Unidos y enfático detractor de Chávez y de la presencia cubana en su país. El “regalo” de la ayuda cubana a los venezolanos, afirma Alcalay, sólo se puede comparar con un caballo de Troya.

“Detrás de la fachada de ayuda humanitaria viene la ideología”, dice Alcalay. “El hecho que estén aquí es en sí político. Esos médicos se han convertido en los nuevos soldados cubanos, como los que fueron a Angola hace 30 años, pero las balas ya no funcionan. Si los cubanos nos enviaran soldados, los venezolanos se resentirían. Pero ¿quién va a rechazar a un médico?”

Desde 1960, cuando el primer grupo de médicos cubanos fue enviado a Chile después que un fuerte terremoto sacudió el país, unos 1,000 cubanos han sido enviados en misiones de emergencia a 20 países, entre ellos los 36 que viajaron recientemente a China después del sismo que devastó la provincia de Sechuan.

Además, 113,585 profesionales de salud –médicos, enfermeras y técnicos– han sido enviados a 103 países en misiones que van desde unos pocos meses hasta años, en países tan cercanos como Haití y tan lejanos como Kiribati, una nación de 280 millas cuadradas en el Pacífico. Cuba incluso se ofreció a enviar médicos a Estados Unidos en el 2005 cuando el paso del ciclón Katrina. El Departamento de Estados declinó la oferta, alegando que un número suficiente de médicos estadounidenses se había ofrecido.

Armados sólo con sus batas blancas y su capacitación política, esos médicos han sido el arma más efectiva de Fidel castro, incluso más que las balas, para sembrar las ideas de la revolución en todos los rincones del mundo y para fomentar la buena voluntad entre gente demasiado pobre para cuestionarse cómo una pequeña isla del Caribe les envía médicos para curar sus dolencias, y también demasiado agradecida para olvidarse de la nacionalidad.

Uno de ellos es Sahlu Merine, que tenía 12 años cuando conoció a médicos cubanos en el hospital más grande de Addis Abeba, capital de Etiopía. Aunque dice que no necesitaba que lo atendieran, sólo tiene buenos recuerdos tanto de los médicos como del gobierno que los envió.

“Opté por no olvidar a los que nos ayudaron”, dice Merine, administrador de una escuela privada de Nueva York. “La atención médica es el derecho humano más importante. Y cuando los necesitábamos, allí estuvieron los cubanos. Eso influye en la manera en que veo a los cubanos, a su gobierno y a su país”.

El despliegue estratégico de médicos en lugares en condiciones tan difíciles ha acarreado mucha buena voluntad y muchos elogios a Cuba. Como expresa Silverstein en el libro, esa buena voluntad ha contribuido a que se elijan a representantes de la isla a organizaciones internacionales desde fines de los años 70, como el Movimiento de Países No Alineados y el Consejo de Seguridad de Naciones UNidas (ONU).

Este mes el jurista cubano Miguel Alfonso fue elegido para presidir el Comité Asesor de Derechos Humanos de la ONU.

El poeta y ex preso político cubano Armando Valladares, que encabezó la delegación de Estados Unidos ante la Comisión de Derechos Humanos de la ONU a fines de los años 80, dice que recuerda varios casos en que miembros de delegaciones africanas y latinoamericanas le dijeron que no podían votar por las propuestas de enviar investigadores de derechos humanos a la isla porque temían perder la ayuda que La Habana daba a sus países o porque se sentían en deuda con el gobierno cubano.

“Si uno se pone en sus zapatos, se percata de que tienen razón”, dice Valladares. “Sin duda, la cuestión de la salud ha sido uno de los medios de propaganda más efectivos del gobierno cubano. Los médicos [cubanos] van a lugares en que otros se niegan a trabajar, villas y poblados aislados y empobrecidos”.

Los médicos cubanos en Venezuela están conscientes de la dicotomía de su papel. Por una parte, prestan servicios a los pobres en esta nación rica que ha mantenido la economía cubana a flote. Por otra, también están sirviendo sus propios intereses, que frecuentemente son contrarios a las ideas del régimen que los educó como médicos y trató de moldearlos como revolucionarios.

Por ejemplo, la doctora de la blusa roja dice que disfruta de la oportunidad de atender a los pobres aquí y que no podría imaginarse cobrarle a un ser humano que no pueda costear la atención médica. Al mismo tiempo, y sin hacer una pausa para contemplar las contradicciones, sueña con ser médico en Estados Unidos, donde, según sabe bien, hay muchas personas sin seguro médico y la atención a la salud está en un crisis tal que con frecuencia se cita como uno de los temas clave de la campaña presidencial.

Julio César Lubián, un médico de 46 años que ya no teme hablar con la prensa porque desertó hace 14 meses, comparte ese sueño: vivir y trabajar en Estados Unidos.

“Cualquiera que le diga que vinieron aquí por ideología miente”, dice Lubián, sentado en una café a dos horas de camino de Caracas. “Todo el mundo está aquí para enviar dinero a Cuba, para ganar dólares o para buscar la manera de irse”.

Es casi imposible hablar con médicos que trabajan en lo que el gobierno de Chávez llama la Misión Barrio Adentro, que cumple su quinto aniversario el próximo mes. Entre otras cosas, se les prohíbe hablar con la prensa. Los funcionarios cubanos en Caracas no respondieron a las solicitudes del Herald para una entrevista.

El Herald consiguió un ejemplar de las normas que los médicos cubanos que trabajan en Venezuela deben cumplir y que indica que se les considera soldados y como tales deben comportarse.

Muchos trabajan en el mismo lugar donde viven, atendiendo a pacientes en la planta baja y durmiendo en un segundo piso. Se espera que notifiquen a sus supervisores si alguien “ofende a la Patria o sus símbolos” en su presencia y se les prohíbe que duerman fuera donde viven.

Aunque las reglas también dicen que no deben expresar “opiniones sobre asuntos políticos” venezolanos, el componente ideológico de su misión es imposible de evadir. En casi todos, si no todos los edificios octagonales que albergan las clínicas cubanas aquí, se ven afiches del Che Guevara, de Fidel Castro y de Hugo Chávez.

En los grandes centros de diagnóstico y rehabilitación cuelgan de las paredes imágenes intrincadas pero toscas, como un Fidel Castro joven y armado, y algunos comparan su Movimiento 26 de Julio y el ataque al Cuartel Moncada en 1953 con la guerra que Chávez le ha declarado a la pobreza, las enfermedades y el abandono. La atención a la salud se representa como otra guerra y otra victoria sobre Estados Unidos.

Frank Cabrera, un médico de 30 años que poco antes de desertar hace dos años era uno de los jefes de la misión en el estado de Zulia, dice que los dirigentes del Partido Comunista de Cuba que supervisan la brigada en Venezuela le pidieron a él y a otros médicos que consiguieran por lo menos 20 votos a favor de Chávez en las elecciones del 2004. Dice que no lo hizo, pero de todas manera no le hacía falta hacerlo.

“Es así de simple: uno empieza a distribuir vitaminas entre la población en un momento crucial de las elecciones”, dice Cabrera, que ahora vive en Miami. “La gente sabe quién envía las vitaminas, de dónde vienen y quién las paga, de modo que deciden rápidamente por quién van a votar si consideran importantes las vitaminas. Y para la mayoría lo son.

La victoria de Chávez ese año, dice Cabrera, puede atribuirse en parte a la presencia cubana en Venezuela.

Pero para algunos venezolanos partidarios de Chávez, la participación cubana no va lo suficientemente lejos.

Rubén Martínez, un trabajador social a cargo de la Misión Barrio Adentro en el municipio El Libertador en Caracas, dice que muchos médicos se han ido en otras misiones a Pakistán o Bolivia, o a trabajar en grandes centros médicos en otras regiones de la propia Venezuela, de modo que de los médicos inicialmente asignados a Caracas hace cinco años solamente quedan 400.

Y ésos, dice, no practican el tipo de adoctrinamiento político que el país necesita.

“Esta es una sociedad burguesa, una sociedad de consumo”, dice Martínez. “Podríamos aprender mucho de los cubanos si estuvieran dispuestos a enseñarnos, pero ya están demasiado ocupados”.

Un día normal para un médico cubano de Barrio Adentro empieza temprano en la mañana. Algunos tienen que caminar varios kilómetros bajo el sol y subir y bajar colinas para visitar pacientes que no pueden salir de casa o que han perdido a su médico local que se ha ido a otra misión. Comen lo que pueden cocinar de las raciones que les da el gobierno: arroz, aceite, frijoles, harina, azúcar, leche en polvo, sardinas, pollo, mantequilla, mayonesa, café y carne enlatada.

No pueden aceptar carne ni ir al cine, a bares o discotecas. Para tener amistades ajenas a su trabajo tienen que pedir autorización a los supervisores. Tienen que asistir a reuniones políticas en que se discuten asuntos mundiales y noticias de Cuba. No pueden conducir vehículos, visitar otros estados del país, ni tener opiniones contrarias a las del gobierno o su sistema de atención de la salud. Deben regresar a su residencia para las 7 p.m., se les indica, por razones de seguridad.

Varios médicos han muerto en Venezuela víctimas de delitos. Las cifras son difíciles de precisar. Martínez dice que conoce de cuatro casos de asesinato, pero algunos dicen que la cifra es mucho mayor, tal vez 14.

La doctora de la blusa roja termina de almorzar y después de una conversación de dos horas, pide que la lleven en auto a su casa. Sus compañeras de residencia podrían notar su ausencia y no quiere provocar sospechas. Dice que está tan bien vista por sus colegas que ahora es supervisora. Con frecuencia asiste a reuniones en las que no habla y trata de no poner los ojos en blanco como reacción a la retórica.

“Si supieran lo que estoy pensando”, dice. Su idea más obsesiva es cómo escapar. Dice que necesita $2,000 para un boleto de avión y un lugar donde quedarse después de desertar antes de conseguir la visa estadounidense.

Rechaza con cortesía la oferta de postre o café. Está muy nerviosa y no puede comer más. Llévenme a casa, suplica, y especifica que la dejen en la esquina, lejos de la vista de sus vecinos y colegas.

“Es peor que en Cuba”, dice en voz baja al bajarse del carro.


(*) Por Mirta Ojito.

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