viernes, 29 de junio de 2012

Fidel no es el primero, ni será el último. (*)

La vida de Fidel Castro se resume a una lista de metidas de pata y golpes de suerte. Mucha gente confundió su buena racha con su inteligencia. Por esa razón llegaron a considerarlo un genio político. Pero la sabiduría o la incompetencia de un gobernante se demuestra en como recibe una nación y como la deja. 

Fidel Castro comenzó su carrera política con el asalto al Cuartel Moncada el 26 de julio de 1953. Antes de esta aventura nunca pudo llamar la atención de nadie. En aquellos tiempos, en lugar de carisma, lo acompañaba fama de pequeño gánster. Ni en la Universidad de la Habana donde estudió, ni en el partido Ortodoxo al que pertenecía le hacían ningún caso. 

El asalto al Moncada fue un disparate en el que no había la menor posibilidad de triunfo. Él y Raúl salvaron la vida porque huyeron mientras los compañeros que quedaron combatiendo la perdieron. Fidel no cumplió su cómoda condena en prisión porque Batista lo favoreció con una amnistía. El viaje desde México a Cuba en un yate sobrecargado y el desembarco en una costa que no conocían fue un desastre como demuestran los hechos. 

En más de una ocasión en la Sierra Maestra los errores de Fidel nos pusieron al borde de derrotas que podrían haber tenido serias consecuencias. Su falta de previsión no se reflejó solo en los combates, sino también en la logística, campo en el que se presentaban dificultades innecesarias que los miembros del Ejército Rebelde superaron con idealismo. Fidel era el jefe, pero todos sabíamos que su juicio no era siempre acertado. Luchábamos contra una dictadura y por la democracia, eso era lo importante.

Una vez en el gobierno su ambición, su orgullo y su ignorancia se magnificaron. Ya no era asunto de dirigir una guerrilla con todas las ventajas del terreno como era el caso en la Sierra Maestra. Ha sido el pueblo cubano el que ha pagado el precio. Su mayor error fue tomar el camino del comunismo. Además de una estupidez fue una traición al pueblo cubano y a la revolución. En 1959 cualquier persona informada sabía que como consecuencia del totalitarismo comunista millones de seres humanos habían perdido la vida y muchos más la libertad. En 1959 se conocía en detalle cómo en 1956 los húngaros habían luchado heroicamente contra el ejército soviético tratando de liberarse del comunismo. En 1956 Nikita Khrushchev denunció la perversidad y los crímenes de Stalin en el Congreso del Partido. En varias ocasiones le advertí a Fidel que por el camino del comunismo a Cuba la esperaba el fracaso. Siempre repetía: yo no soy comunista. 

Fidel Castro tenía su agenda escondida. El no quería servir a Cuba sino servirse de los cubanos para alcanzar sus delirios de grandeza en un enfrentamiento con los Estados Unidos. Era lógico pensar que en ese esquema el único que perdería seria el pueblo cubano. No es el primero ni será el último en la historia. Adolfo Hitler se aprovechó de los alemanes y de Alemania, les hizo creer que eran una raza superior destinada a gobernar el mundo. Llevó a su país a la ruina, causó millones de muertos y terminó suicidándose como un cobarde. Benito Musolini fue otro demagogo delirante que convirtió a Italia en ruinas y murió ejecutado. 

En 1959 Cuba era uno de los países más progresistas de este continente. Lo que había que hacer se podía hacer dentro de un marco de justicia social. Nuestro país se habría convertido en una de las naciones más avanzadas del mundo. Quien lo puede dudar después de ver como prosperan los cubanos cuando llegan en desventaja a cualquier país. Medio siglo después Cuba está en la ruinas. La sabiduría de un gobernante se demuestra en su capacidad para sortear las dificultades de un pueblo, dirigir constructivamente la energía y el entusiasmo colectivo e incluso en el peor de los casos, ante una guerra inevitable contra un enemigo exterior, unir a la población y pedirle el sacrificio sin exponerla a riesgos innecesarios. Fidel provocó un conflicto que tenía que evitarse y en su afán de gloria hundió a Cuba en la desgracia.


    

No hay comentarios:

Publicar un comentario